La frontera entre la comunicación y la ciencia. Cuaderno de notas en La Palma.

Juntos y revueltos en La Palma: así estuvimos los periodistas, científicos y divulgadores durante el Foro 100xCiencia, que se celebró en la isla de La Palma (Islas Canarias) del 7 al 9 de octubre. El Foro estaba pensado para unirnos a todos en amor y compañía, y que los científicos nos contaran –a nosotros, periodistas de ciencia- a qué se dedicaban dentro de los laboratorios.

Antes de empezar la crónica del evento, que tuvo mucho y muy bueno, me gustaría especificar que los centros de investigación que asistieron no eran “cualquier cosa”. Se trata de una congregación de representantes y directores de centros de excelencia con la distinción Severo Ochoa, es decir, la mayor distinción que se pueden dar a los centros de investigación españoles; toda la ciencia que sale de ahí compite con la que sale de cualquier instituto y centro de investigación del mundo. Las empresas privadas hacen negocios con estos centros, lanzan mogollón de papers que se publican habitualmente en las grandes revistas científicas –Nature  y Science, y otras tantas del rollo–, hacen investigación de frontera… son, digamos, los pioneros en su campo.

Lógicamente, para obtener esta distinción hay que pasar una evaluación correspondiente, y no todos los centros la pasan. En España hay actualmente 20 instituciones de Excelencia Severo Ochoa, y su acreditación tiene una validez de cuatro años. Durante estos años, son untados con un total de cuatro millones de euros en ayudas; y con este dinero, intentan petarlo de manera gigante –y lo consiguen–. Y centros Severo Ochoa hay de todo tipo: de matemáticas, física, biología, nanociencia, economía, fotónica, ingeniería computacional, biotecnología, química…

El problema de los científicos, y en concreto de los de estos centros, es que normalmente la comunicación interna y sobre todo externa que hacen no está al nivel de sus investigaciones. Claro, tal y como se denunciaba en alguna de las mesas redondas, “la comunicación es esa cosa que podría hacer el científico o científica en sus ratos libres cuando no está con las probetas y los microscopios; o es eso que hace un gabinete de comunicación formado por… una persona”. Y ni lo uno ni lo otro es suficiente para llegar al gran público, a la sociedad, a esa gente que piensa que los científicos y científicas es gente rara con batas escondida en laboratorios y que pincha sin pudor a los ratones y ratas… o que son buenos y altruistas, que trabajan siempre en pos del conocimiento universal.

Así, a estos grupos de científicos se les ocurrió organizar un Foro donde estuviéramos los periodistas y divulgadores. Eso es bueno, porque empiezan a reconocer que la comunicación es importante para ellos y que mutuamente nos necesitamos.

#100XCIENCIA

Durante los tres días que duró el Foro, se habló de muchas cosas. Si bien es cierto que en las ponencias de los centros de investigación cada uno vino a hablar de su libro (es decir, de lo que investigan en cada centro), en las mesas redondas la cosa se puso más interesante: en muchos de los casos, los investigadores denunciaban la falta de precisión de los periodistas, la dificultad con la que, a veces, tienen que enfrentarse a los medios, y lo complicado que es hacer llegar sus investigaciones al gran público. Por su parte, los periodistas se defendían con la idea de que es el interés de la audiencia el que marca la agenda, que a veces es muy tedioso interpretar un estudio y que echan de vez en cuando falta gente especializada en comunicación en los gabinetes de prensa de las instituciones que les haga la existencia más fácil a la hora de redactar las informaciones sobre éste o aquél estudio.

Quizá, de toda esta amalgama de temas,  me quedaría con el último del Foro. En la mesa redonda se juntaron un montón de periodistas científicos –algunos más jóvenes, otros más veteranos– para hablar de la comunicación de la ciencia en los grandes medios: ¿la ciencia interesa?, ¿es buena la producción de información científica en España?, ¿somos profesionales?, ¿cuál es  la actitud que debería adoptar un periodista científico de cara a sus publicaciones?, ¿qué vale más, un periodista científico o un científico reconvertido al periodismo?, ¿cuáles son nuestras debilidades? ¿y nuestras fortalezas?, ¿los gabinetes de comunicación tienen la presencia que merecen en los centros de investigación?.

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Os pongo todas las preguntas así de pam para que vayáis dándole al coco. Mientras tanto, creo que lo ideal es que los tuits, a los que Pablo Jáuregui, redactor jefe de Ciencia en El Mundo, llamó muy acertadamente “los nuevos teletipos de ahora”, hablen por sí solos.

Los tuits

Ah, de redes sociales también se habló. Pero claro, ahí sí que las obviedades acamparon a sus anchas porque ni Internet es algo que se haya inventado ayer, ni las redacciones acaban de empezar a trabajar con las redes, ni es un descubrimiento que la comunicación se haga absolutamente a través de ellas (tanto para los medios generalistas y especializados como para los centros de investigación y, qué coño, cualquier “persona, animal y cosa” que exista tiene su presencia en las redes).

Los científicos se plantan frente a los políticos

Mientras todo esto pasaba, mientras científicos y divulgadores se halagaban y se ponían verdes a partes iguales, otro tema se iba gestando silenciosamente en La Palma. Tras reuniones hasta altas horas de la noche y mucho debatir, los directores de los 20 los centros de investigación firmaron una declaración conjunta pidiendo un gran Pacto por la Ciencia “que garantice la estabilidad financiera de la actividad científica, alejándola de los vaivenes políticos” y una “reforma urgente de las leyes que regulan la ciencia”.

Y así hicieron público este manifiesto durante el acto de clausura, donde también estuvo presente la secretaria de Estado de Investigación, Desarrollo e Innovación, Carmen Vela.

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Carmen Vela durante el acto de clausura./ IAC

Estos directores, que agrupan a más de 3.000 investigadores del país, advirtieron que “sin la estabilidad necesaria y los instrumentos adecuados no habrá resurgimiento de la competitividad española”.  Además, pidieron un pacto “que garantice la estabilidad financiera de la actividad científica, alejándola de los vaivenes políticos”.

Mayor compromiso político

Juan Lerma, director del Instituto de Neurociencias de Alicante, en representación de todos los centros de excelencia, leyó el comunicado en el que también exhortó a los partidos políticos a que dejen claro su compromiso con la investigación científica, “de forma que los ciudadanos puedan apoyar con su voto a opciones políticas que tengan una clara voluntad de impulsar y reforzar la investigación científica”.

La secretaria de Estado de Investigación, Desarrollo e Innovación, Carmen Vela, defendió que los centros Severo Ochoa “pueden compararse con cualquier instituto de investigación del mundo” y aseguró que durante su responsabilidad, que dató en el año 2016, “este programa está garantizado”. Vela insistió en que el futuro pasa por la ciencia y pidió la colaboración de todos para que España “sea un país de ciencia”.

Con el Nobel de Física

Durante el Foro también contamos con la presencia de uno de los gordos de la ciencia, que vino a presenciar la colocación de la primera piedra de los telescopios Cherenkov en en el Observatorio del Roque de los Muchachos de La Palma. Esta gran infraestructura forma parte del proyecto CTA (Cherenkov Telescope Array), una colaboración internacional para la detección de rayos gamma que cuenta con la participación de 1.200 científicos de 31 países. Como hemos dicho, al acto asistió Takaaki Kajita, recién galardonado con el Nobel de Física, gracias a su resolución del misterio de la masa de los neutrinos. El japonés aseguró “que el proyecto CTA será clave en el campo de la astrofísica de altas energías”.

De izquierda a derecha, Takaaki Kajita, director del Institute for Cosmic Ray Research (ICRR Tokio) y Juan Carlos Pérez Arencibia, administrador del Observatorio del Roque de los Muchachos. Créditos: Antonio González. / IAC
De izquierda a derecha, Takaaki Kajita, director del Institute for Cosmic Ray Research (ICRR Tokio) y Juan Carlos Pérez Arencibia, administrador del Observatorio del Roque de los Muchachos. Créditos: Antonio González / IAC
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