HINDS O CÓMO LLEGAR A LO ALTO SIN TENER MUCHO

Hinds se han convertido en un fenómeno que ha arrasado de manera espectacular a nivel internacional en el escaso periodo de un año. No se trata de una banda que cuente con un gran talento musical, de hecho es una opinión bastante generalizada que estas chicas no cantan, tocan, ni componen bien. Aun así, contra todo pronóstico, las cuatro madrileñas se las han apañado perfectamente para llegar a la cima en un tiempo récord.

Todo aquel que conozca a Hinds, anteriormente llamadas Deers, sabrá que sin haber sacado siquiera un disco y con sólo dos temas publicados en Bandcamp (“Bamboo” y “Trippy Gum”) bajo el nombre de Demo, consiguieron encandilar y captar la atención de medios del nivel de NME, The Guardian, etc… Pero además de dichas publicaciones, también se hicieron eco de la existencia de estas chicas músicos de la talla de Patrick Carney (The Black Keys).

Así, lo que empezó como un dúo de amigas que se hacían llamar Deers, se vio catapultado al estrellato de la noche a la mañana, dando lugar a la necesidad de que Carlotta y Ana se vieran completadas por Ade y Amber, al bajo y batería respectivamente, llenando los escenarios de la energía necesaria para alimentar a un público lleno de hype y sed de gamberrismo.

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Desde ese momento las chicas han estado girando por innumerables rincones de todo el mundo. Desde Tailandia hasta Estados Unidos. Han llegado a telonear a bandas como The Libertines o The Vaccines, pero además han actuado en grandes festivales como el SXSW o el Glastonbury.

Las ciervas se mueven dentro de un estilo garage rock y nos ofrecen temas bastante bailables y con un aire fresco y joven, reflejo de la actual escena madrileña. En diversas ocasiones han declarado que tienen como influencias principales a Ty Segall, Mac DeMarco y ciertos grupos nacionales que se encuentran en su esfera social, tanto es así que se consideran, en cierto modo, embajadoras del resto de grupos, en gran medida emergentes, que se mueven actualmente por Madrid. Entre ellos se sitúan Los Nastys, Terrier y muchos más, pero especialmente, The Parrots con los que comparten videoclip, vinilo e innumerables escapadas a festivales y fiestas salvajes.

Su gamberrismo y sus ganas de pasarlo bien las definen y las hacen inigualables más allá de su talento, pero esto ha derivado en una oleada de haters por parte del sector más exigente musicalmente hablando. Respecto a Hinds solo existe blanco o negro. No hay punto intermedio. O las amas o las odias, no hay más.

Por un lado están aquellos que consideran inentendible que las madrileñas se sitúen actualmente en un punto tan álgido del panorama musical llegando a recibir las mejores críticas posibles por parte de medios y artistas de gran prestigio. Simplemente piensan que ni su trabajo, ni su talento son los suficientes para merecer tal reconocimiento.

Por el otro se sitúan los que piensan que el cuarteto es una revolución, una ráfaga de aire fresco para una escena musical que parecía haberse estancado en un indie monótono con letras plagadas de dramas amorosos. Estos admiten que no son las mejores compositoras, ni las mejores artistas que hay, pero defienden contundentemente que el rollo que llevan es inigualable y que es bastante difícil resistir las ganas de soltarse la melena y dejar que el lado más travieso de cada uno se apodere de los cuerpos.

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Más allá de todas las críticas y posturas ante Hinds, hay que dejar claro que las chicas están donde están porque han trabajado. Quizás hayan tenido más suerte que otros, pero tampoco han conseguido el éxito sin hacer nada, simplemente han necesitado poco. La cosa está en que aunque se tenga poco o casi nada, con un poco de suerte, ganas y un rollo interesante que cause un hype increíble, se puede lograr más de lo esperado. Todos aquellos que digan que las ciervas no trabajan se equivocan. Se han marcado giras en lugares insospechados, muchas veces perdiendo más que ganando y durmiendo en suelos duros y espacios fríos. Aun así, han sabido mantener la sonrisa, la ilusión y las ganas de conquistar al público con su ritmo joven y su simpatía.

Tengo que admitir que en un principio yo me situaba en el lado de los haters, o simplemente en el de la indiferencia. No estaba entre mis planes verlas en directo ni pararme a escucharlas. No sé si fue el destino o qué fue, pero de repente, como quien no quiere la cosa, me planté en el Dcode y sin tener nada mejor que hacer y por complacer a un amigo que está loco por ellas, fui al escenario principal a presenciar lo que acabó siendo un bolazo. Fue una media hora corta pero intensa. No me sabía ni una sola canción, pero me lo pasé como si fuera la más fan del lugar. Consiguieron mantener a todo el público en el aire durante los treinta minutos y cuando todo acabó, bajaron del escenario y saludaron a los fans y a los curiosos con la mejor de las sonrisas, para luego mezclarse entre ellos y hacer de lo que realmente son: fans de la música, de los festivales y del buen rollo. Jóvenes con ganas de divertirse y hacer que los demás se diviertan.

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